Pués se acabó queridos bávaros, al menos lo de ser líderes de la clasificación. En el primer partido de vuelta, otra derrota contra el Mönchengladbach y ahora, un empate con el Hamburgo. El campeón récord está deprimido, el resto se alegra. ¿Alegría del mal ajeno? No. ¡Puro espiritú competitivo!